lunes, 23 de noviembre de 2015

CUENTO

UN PEQUEÑO HOMENAJE
 Siento un frio abrumador que penetra lo más profundo de mi ser, miro al cielo y un sol impertinente mortifica el espacio impregnado de melancolía, tal vez deseo de inmensa manera esa necesidad  que el cielo se tiña de gris para que contraste con el dolor que siente mi sangre. Y esa mañana en la que deseamos ser rebeldes por primera vez, que nos escapamos de la sociedad para sumergirnos en la libertad, que momento aquel; nos empujábamos a la orilla de la carretera como guerreros invencibles e inseparables, pero todo error tiene su efecto, como aquello que hacíamos no estaba del todo bien, fui yo quien pago los platos rotos, y ver en la cara de mis padres el primer gesto de decepción, no importa solo recordar lo bien que lo pasamos es suficiente paga para mí. Donde está tu espacio, aquel que recorría el sendero de la nada, y tu existencia tan efímera como inexplicable, nuevamente te pregunto dónde te encuentras, si tu última risa fue el preludio de tan fatal desenlace, que maldito tiempo  que se cansó de ti, que buenos recuerdos. Y esa tarde reíamos como locos recordando los momentos vividos y aquellos por vivir, te acuerdas cuando peleamos solo por probar quien era más valiente, no importa me probaste que eres tu; que pequeños éramos cuando escuchamos pronunciar nuestros nombres por primera vez,  nuevamente el mismo jugo en mi lonchera y tú mismo sándwich, no importa solo saciábamos el hambre  y nuevamente salíamos a correr buscando un afán de ser feliz, ese mismo que nos desbordo y guio en el camino de la vida. Solo un abismo vislumbro ante mis ojos, se opaca mi mirada por aquello que para mí es tan difícil expresar, hoy me has hecho hincarme ante mis sentimientos, me has derrotado como aquel humano que se olvidó de vivir, no te alagues, ni te alegres por mi desgracia, sí, estoy llorando como aquel que viste un día reír y lo digo con mi alma entre los dientes queriendo salir a gritar, si estoy llorando, de tristeza?,  alegría?, no sé,  tal vez de envidia, esa de la buena ya que descansas de este cruel humo atestado de hipocresía. Y esa noche que nos encontramos por última vez,  nos tomamos ese último trago amargo que nunca olvidare, ese que en medio de una charla larga sin apresurar nuestros pasos mirábamos en nuestros ojos el correr  de nuestros tiempos, pediste tu cerveza favorita me hablabas de amores, me contabas de dinero que no tenías en tu bolsillo  y las letras se convertían en palabras las palabras en frases y las frases…………  las frases en sueños y tus sueños en un lúgubre trasegar intentando crear tu destino, maligno destino que se ensaño en contra tuya como queriendo aplastar tu aire pero tú le diste una lección y ese destino se quedó sin ti. Tu ausencia meramente corporal, ya que te veo con el mismo cigarrillo en tu boca como aquel que un día aprendimos a fumar, siento ese abrazo con el que nos saludábamos como esos amigos fieles que el tiempo no pudo vencer, te escucho reír con esa locuaz carcajada que el viento no se pudo llevar , solo tu cuerpo no se encuentra, por que tus pasos se sienten, firmes como tus deseos de ser el mejor y lo eres ya que nos has ganado en esta carrera que un día emprendimos de manera arbitraria, llegaste a la meta como lo hacías corriendo, llegaste nuevamente antes que todos. Ganaste. Y ese maldito instante donde tu cuerpo inerte ingreso en una bóveda fría y sombría  que me negara tu presencia, ella  será una fiel testigo de tu nombre, tu recuerdo y esta tristeza mía.  
ADRIANA DEL PILAR TOVAR M.